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Visiones posteriores a la semifinal Paraguay - Venezuela

Lo que va de’ Neco’ a Villar, Vega, Muslera, Farías y Chávez

Julio 21 de 2011
Lo que va de’ Neco’ a Villar, Vega, Muslera, Farías y Chávez

Mendoza, 21 de julio de 2011.- A Colombia le costó haber perdido a su número uno antes del inicio del torneo. Si bien su ‘número doce’ tuvo una actuación destacada en la fase de grupos, en el partido de cuartos de final contra Perú, falló y fue factor en las dos anotaciones peruanas. En ese momento los colombianos pensamos en Ospina.

No es nuevo que la posición de arquero sea de las más desagradecidas del fútbol. Los goleros pasan de héroes a villanos en segundos, así es el trabajo; ellos lo saben bien.

Uruguay y Paraguay deben su clasificación en gran medida a sus goleros. Sin ellos no había garra que aguantara. Ambas selecciones lidiaron con dificultades fuertes y rivales avasallantes (sí, el Venezuela de la noche de ayer fue avasallante), y a pesar de no jugar vistosamente han logrado su cometido parcial, ubicarse a una victoria de levantar la ansiada Copa América que Brasil había monopolizado en las últimas tres ediciones.

Uruguay sobrevivió una tormenta argentina por la ‘casi’ surreal actuación de Fernando Muslera (que recién firmó hace un contrato con el Galatasaray turco por cinco temporadas). Sin esas magnéticas manos y brazos del numero 1 uruguayo, probablemente hubieran sido Messi y su banda quienes seguían en carrera.

Después de semejante actuación, en los penales la suerte parecía echada, y el resultado ratificó la idea de que el golero más ocupado durante los 120 minutos previos tiene más injerencia en la tanda de penales. También contribuyó el hecho que los cobros uruguayos fueron impecables y no le dieron a Romero media oportunidad de cambiar la suerte de su equipo.

Anoche, algo parecido sucedió. En declaraciones exclusivas para Golgolgol Colombia, el presidente de la asociación paraguaya de fútbol Juan Ángel Napout afirmó: “El futbol es un deporte que te puede dar satisfacciones en un cero - cero, así que esto vamos a disfrutarlo. Paraguay, con cinco empates está en la final, así es el fútbol. Por suerte tenemos un arquero, Justo, que es paraguayo ¡y ataja! Así que planeo disfrutar este momento”.

Paraguay enfrentó dos veces a Brasil: cedió un empate en el último minuto (2-2) en el juego de grupos, y arañó una victoria en penales en cuartos con una enorme actuación del capitán durante el partido). También enfrentó dos veces a Venezuela, selección que junto a Chile se demostró el equipo más integro en juego colectivo de la copa: la vino tinto le arañó un empate en el último minuto (3-3), y luego le hizo vivir una pesadilla parcial. Lo asustó, lo atacó, lo inquietó, pero jamás anotó.

El desgaste guaraní, es claro, ha sido extremo. Edgar Barreto basó la victoria en “mucha garra y mucho amor propio”, y con respecto a lo que se viene en la final afirmó que “será un partido trabado, duro, como siempre son los partidos entre estas dos selecciones”. El central Paulo Da Silva cerró declaraciones con una sentencia mezclada con grito de guerra: “a la final llegamos para ganarla”.

 El partido jugado ayer en el -muy lindo- estadio Malvinas Argentinas de la ciudad de Mendoza, tuvo escenas duras para el pueblo paraguayo, para el pueblo venezolano y para quienes gustan del fútbol. No ganó quien lo merecía, ganó quien lo ganó: vieja lección del deporte.

También mostró una cara libertina y desagradable del fútbol: una pelea de proporciones absurdas que por fortuna no se extendió a las tribunas, donde había gente de muchas nacionalidades (chilenos, argentinos, venezolanos, paraguayos, brasileros, peruanos), que en más de una ocasión se gritaron improperios entre sí…

 Según Nelson Haedo Valdez, la trifulca fue provocada por el técnico César Farías quien no calló su amargura y su rabia y dirigió improperios al técnico y a los jugadores guaraníes.

 El hombre detrás del juego venezolano, de las tácticas para superar a sus rivales en las pelotas paradas -impresionante como tiro libre fue un parto para chilenos y paraguayos especialmente- y el artífice de tomar el trabajo de Richard Páez y renovarlo con sus propias visiones de presión y ataque frontal, tiene una cabeza demasiado caliente … enfrascarse en hecho tan bochornoso, para dar pie a la guerra en un terreno, verde, donde se debería jugar fútbol, dónde se debería saber ganar y perder, es vergonzoso. Fin de la historia.

Durante los 120 minutos el juego paraguayo fue poco vistoso. Presentó una actitud similar que en el pálido (sin que dejara de ser valiente) juego que disputó contra Brasil en La Plata. Después de ese desgaste increíble, los paraguas tenían menos gasolina en el tanque que Venezuela… les costó: lucieron poco precisos, cansados, y en momentos entregados a su suerte. La historia dice que la suerte sonrió a pesar de lo difícil de la lucha.

 La expulsión de Jonathan Santana no contribuyó, y la lesión por contractura de Roque Santa Cruz (no duró ni diez minutos en la cancha) resultó tristísima. Ese cambio arriesgado de Martino es interpretable como una muestra de desespero del usualmente “cabecifrío” Tata.
La historia tendrá que esperar, probablemente a las eliminatorias, antes de que Roque pueda consolidarse como el goleador histórico de la Albirroja. Junto a Antolin Alcaraz ya Jonatahn Santana, está descartado para el juego del 24 de julio en el monumental.

Venezuela, por su parte, tras ver un gol anulado y tres de sus remates encontrar los palos, se fue como injusto derrotado. Sin embargo nadie regaló nada a su rival… las declaraciones de Hugo Chávez sobre como los robaron no pueden ser más injustificadas, y quitan mérito a su equipo. “¿Por qué no te callas?”

La vino tinto, al igual que contra Chile, jugó un partido inteligente. Maniató los movimientos de su rival fatigado, y con el correr de los minutos volteó la ola y se apropió del balón. Rosales jugó un enorme partido, Cichero se destacó con grandes jugadas en los extra tiempos, y Arango fue siempre una amenaza (vintage Arango). Sólo grados leves de puntería los privaron de la final… y Justo, claro está, y junto a él, los ángeles guardianes de la puerta que defendía…

 Tan magnético es el número uno paraguayo, que en comunión con la meta entra. Ahora, enfrentará a su contraparte en méritos. El número uno Fernando Muslera.

La final no será vistosa, pero será una final. Un nuevo campeón se coronará, y si asumimos la merma física, y de personal que sufrirá Paraguay, el favorito es el equipo celeste. A menos que Villar tenga algo que decir al respecto.

Por: Alejandro Pérez, enviado Golgolgol en Mendoza, Argentina.

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